¿Alimentas el cáncer sin saberlo? el ingrediente cotidiano que los científicos vigilan de cerca

Un tipo de azúcar que la mayoría de nosotros creemos que es inofensiva es la fructosa, esta se encuentra de forma natural en la fruta, sin embargo, aunque no hay evidencia suficiente para sugerir que esta tiene efectos en la salud, la mayoría de los especialistas recomienda no sobrepasar los 50 gramos diarios para reducir riesgos potenciales.

Gracias a los medios de comunicación se ha revelado que el consumo de fructosa se ha disparado en las últimas décadas. Tan solo en Estados Unidos, su ingesta se ha multiplicado por quince desde el siglo pasado. El motivo detrás de estos datos es por el uso del jarabe de maíz de alta fructosa en la elaboración de refrescos y ultraprocesados.

Una investigación reciente de la Universidad Washington en St. Louis (Estados Unidos) biólogos observaron que los animales alimentados con dietas ricas en fructosa no mostraban variaciones en el peso corporal, los niveles de glucosa en sangre ni la insulina en ayunas. Todo parecía normal sin embargo el efecto sobre el crecimiento tumoral fue descomunal: en algunos casos, el desarrollo del tumor llegó a más que duplicarse.

La gente suele pensar que los tumores se alimentan directamente de lo que comemos. Es decir, asumimos que lo que entra en el organismo es inmediatamente absorbido por las células cancerígenas.

Pero no es así. Antes de provocar ese efecto negativo, la fructosa pasa por el hígado, donde se transforma en nutrientes aprovechables por los tumores. Según el estudio publicado en la revista Nature, las células hepáticas expuestas a fructosa liberan en la sangre ciertos lípidos, en especial las moléculas denominadas lisofosfatidilcolinas (LPCs, por sus siglas en inglés).

Estos lípidos son aprovechados por los tumores para crecer y fabricar nuevas membranas celulares mientras se multiplican. Si bien las células cancerosas pueden producir estas moléculas, es mucho más fácil para ellas absorberlas directamente del entorno.

La fructosa es un ingrediente omnipresente en la dieta y puede alimentar tumores. Sin embargo, las células cancerosas carecen de enzimas para descomponer la fructosa, pero las células hepáticas sí pueden convertirla en LPCs circulantes, que potencian el crecimiento tumoral a través de un mecanismo no autónomo celular.

De acuerdo con el biólogo Gary Patti las personas que se les ha diagnosticado cáncer podrían beneficiarse si reducen su consumo de fructosa, especialmente la que se añade en bebidas azucaradas y productos procesados.

Este descubrimiento ha hecho que los científicos sugieran hacer cambios a los tratamientos oncológicos ya que quizá se deben enfocar en el metabolismo de células sanas, especialmente las del hígado. Si se lograra impedir que las células hepáticas transformen la fructosa en compuestos que alimenten los tumores, se podría frenar o limitar el avance del cáncer.

Fuente: futura-sciences.com

Nelson Eduardo Ramirez Romualdo
Nelson Eduardo Ramirez Romualdo

Soy un comunicador apasionado por los misterios que este mundo tiene para contar, profundizo en los temas que por su extrañeza son ignorados pero que encierran grandes preguntas e incluso respuestas para nuestro presente